EL MAESTRO
DE SABIDURIA
"MAHATMA
KOOTHOOMI",
EL ADEPTO.

EL MAESTRO DE SABIDURÍA
KOOT HOOMI
El Maestro Koot Hoomi, a menudo llamado Maestro K.H., y Helea Blavatsky, también conocida como Madame Blavatsky, fueron figuras centrales en la fundación de la Sociedad Teosófica y su corpus de enseñanzas. Blavatsky afirmó haber recibido inspiración y guía de varios Maestros de Sabiduría, entre ellos Koot Hoomi, quienes le transmitieron conocimiento oculto y enseñanzas sobre la naturaleza de la realidad y la evolución espiritual.
Koot Hoomi Lal Singh (también
llamado Kuthumi, y referido con frecuencia simplemente como K. H.; Cachemira,
India, es uno de los Mahatmas que inspiraron la fundación de la Sociedad
Teosófica.
Participó en una correspondencia
con dos teósofos ingleses que viven en la India, A. P. Sinnett y A. O. Hume,
cuya correspondencia se publicó en el libro The Mahatma Letters to A. P.
Sinnett.
Koot Hoomi es uno de los Mahatmas
(grandes almas) de la tradición teosófica, conocido por su sabiduría y
conocimiento espiritual.
Se asocia con el Segundo Rayo de
la sabiduría y la iluminación. El Maestro es hindú, un brahmán, nacido en
Cachemira.
C. W. Leadbeater y A. Besant
mencionan la primera vida del • Maestro K. H., en relaci6n con un
acontecimiento que tuvo lugar en otro tiempo en uno de los estados del litoral
sembrado de golfos, en la Atlántida de la antigua América del Norte, que
entonces se llamaba Reino de Toyocalti.
En esa epoca remota, el soberano
era el Maestro Morya. Existia en aquella magnifica region un templo en forma de
estrella con cinco puntas, en el que debfa consagrarse a los seis afios aquel a
quien conocemos con el nombre de Krishnamurti. La ceremonia fue presidida por
el sacerdote del templo, el Maestro K. H., ayudado por otros tres sacerdotes.
El alma de aquel que fue conocido bajo el nombre de Gautama el Buda adumbraba
la ceremonia con su aurea benéfica.
Algunos años después, en el año
22605, el rey organizó una expedición que debía llegar hasta una ciudad santa
del Yucatán. Esta ciudad en efervescencia iba a tener el inmenso honor de
recibir la ilustre visita de uno de los mayores santos de la época, el gran
Maestro Surya que, posteriormente, apareció como nuestro Cristo histórico, el
instructor de los hombres y de los ángeles de nuestro planeta que es esperado
por los orientates bajo el nombre de Maitreya.
Surya era el gran sacerdote de la
religión atlante. Los Maestros Marya y Kuthumi formaban parte de esta
expedición.
Llegados a la Ciudad de las
Puertas de Oro, que fue fundada por el Manú, se dirigieron hacia el templo
sagrado donde se desarrollaba una especie de ceremonia de carácter iniciático.
Los dos hombres llegaron al trono esplendido de oro, en donde Surya acogía y
bendecía a las personas que le eran presentadas.
Cada sacerdote, al presentarse
ante Surya, se dirigía a el con el mismo saludo secreto, y este saludo es uno
de los que todavía se utilizan en la Logia Blanca.
Después, Surya enseño los
fundamentos de su doctrina: que el amor era el sentimiento mas esencial en la
vida de los seres humanos; también transmitió otras numerosas enseñanzas al
pueblo que estaba reunido para escucharlo.
A continuación, la expedición
partió de nuevo, no sin haber vivido a lo largo del camino extraños
acontecimientos.
En el año 21300 a. de C., el
Maestro K. H. se encarno en una ciudad de la India. Allí también desempeño el
papel de sacerdote. Hay que recordar que el Maestro Morya, por pertenecer al
primer rayo, tuvo que encarnarse frecuentemente como rey, mientras que el
Maestro K. H., por ser del segundo rayo, el del amor-sabiduria, estuvo siempre de
forma natural en relación con la educación y la religión. Por otra parte, no
olvidemos tampoco que en aquellos antiguos tiempos los sacerdotes y los reyes
eran frecuentemente adeptos, porque solo ellos tenían el poder de dirigir el
pensamiento de los pueblos hacia el camino de la iluminación. Solo en los
alrededores del año 12000 a. de C. se dejo sola a la humanidad, porque los
Maestros habían decidido actuar a partir de los planos subjetivos de la
conciencia cósmica. Actualmente, esta gran Fraternidad de sabios se prepara de
nuevo para encarnarse en el mundo humano y para formar otra vez una Jerusalén
celestial en la Tierra; tampoco es sorprendente observar que el Maestro K. H.
fue en muchas vidas un sacerdote, pero también un gran sabio y un instructor:
enseñaba entonces las leyes universales que estuvieron posteriormente en el
programa de las grandes escuelas de Misterios. En esta encarnación estaba
casado y era padre de tres hijas y de tres hijos, y C. W. Leadbeater recuerda
que fue un padre modelo y un sacerdote muy sabio.
Después de varias encarnaciones
sobre las que tengo muy pocas informaciones seguras, el Maestro K. H. apareci6
como jefe de un gran ejercito en Asia Central, hacia el año 15900 a. de C. En
esa época, el gran nucleo de la quinta raza-madre estaba centralizado muy cerca
de Svetadvipa (el actual lugar que ocupa Shambhala); esta gran raza blanca de
arios (o de semitas atlantes) se preparaba para llevar a cabo una de las mas
excepcionales migraciones que haya conocido la Tierra. El Maestro Morya era
responsable de tres grupos del éxodo; el ala derecha estaba bajo las ordenes de
Corona , que era un hombre de una extraordinaria habilidad, pero de un orgullo
igualmente grande; fue a el a quien se encargo que atravesara los Himalayas
pasando por la actual Cachemira, para alcanzar finalmente Bengala; y C. W.
Leadbeater nos cuenta con muchos detalles sus múltiples dificultades,
especialmente cuando asedio, tras atravesar Cachemira, una gran fortaleza
tolteca, sometida entonces a los arios que le habían precedido. Corona tomó a
continuación la ciudad de Ravipur (cerca de la actual Delhi) y, cuarenta años
después, alcanzó Bengala, donde encontró al Maestro Morya. Este ultimo, ayudado
por el Maestro K. H., había tardado cuatro años antes de poder llegar al Tibet,
a fin de alcanzar el Nepal, y después la India, en donde se instalo finalmente
para esperar a Corona. En cuanto a la tercera columna, bajo las ordenes de
Vulcano, debía atravesar el Tibet para alcanzar Buran y Bengala, donde Debían
unirse las tres columnas. El Maestro M., Corona y Vulcano se unieron, pues, y
el Maestro Morya fundo un reino, puso en el trono a su hijo (actualmente
conocido bajo el nombre de Maestro Jupiter) y se retiró del mundo. En esta
encarnación, el Maestro K. H. tuvo sobre todo el papel de ayudar a su hermano,
el Maestro Morya, en esta gigantesca responsabilidad de conducir con toda
seguridad el micleo de la gran raza aria.
Otra encarnación interesante del
Maestro K. H. fue aquella en la que apareció como gran sacerdote del sol, en
Poseidonis, ultimo fragmento de la isla de la Atlántida, hace de esto
aproximadamente 12.000 años. En aquella época, el Maestro K. H. estaba casado y
era padre de una niña excepcional.
El Maestro reapareció poco tiempo
después como gran sacerdote en la India. Todavía era la época de numerosas
migraciones del pueblo ario hacia la India, pueblo que fue llamado
posteriormente indo-ario. En esta encarnación, el Maestro K. H. era hermano del
Maestro Morya que, una vez más, tenía la responsabilidad de un importante colonia
de arios.
Después de una nueva encarnaci6n
en la India, tomó un cuerpo egipcio y comenzó en Egipto un trabajo en los
pianos interiores, para estimular de nuevo a este gran pueblo. Dio también un
fuerte impulso a la tradición esotérica, que heredara Occidente posteriormente.
Su cuerpo era femenino, cuerpo
que volverá a tomar, por otra parte, en la India hacia el año 5600 a. de C.
El Maestro K. H. reapareci6 en
Egipto en el año 4000 a. de C., bajo el reinado del faraón Ounas (el Maestro
Morya), ultimo soberano de la V Dinastia*. Con ocasión de una expedici6n al
extremo sur, el Maestro K. H. joven noble llamado Ramasthenes, fue hecho
prisionero y conducido a la capital, en donde fue alojado en la casa de algunos
capitanes egipcios. Pero, a causa de su belleza espiritual y de su
inteligencia, fue liberado e incluso admitido al circulo interno de los
Misterios, que eran muy poco accesibles. Tuvo acceso al gran templo y fue
iniciado en el Santo de los Santos. Adquirió durante esa vida un conocimiento
excepcional que, mas adelante, le sirvió útilmente, como veremos mas adelante.
Hacia el afio 2000 a. de C., el
Maestro K. H. se apareci6 de nuevo en el suelo egipcio, como gran sacerdote
iniciado del templo principal. Su nombre era Sarthon. Durante dos años, visit6
los principales santuarios de la India, en donde fue iniciado y, a lo largo de
su viaje, hizo un desvío para encontrarse con Bhrojagohallmarshi
(Krishnamurti), que había sido falsamente acusado y condenado a muerte; el
Maestro le explicó que esta condena, aunque aparentemente injusta, debía pagar
un karma pasado; sin embargo, antes de partir, el Maestro le prometi6 ayudarle
en el futuro, para que pudiera subir todos los escalones del sendero
iniciático; tras esta promesa, salió para Egipto.
Aquí se terminan las
informaciones extraídas del libro de C. W. Leadbeater y A. Besant. Las
encarnaciones siguientes están sacadas de otras tradiciones, perfectamente de
acuerdo con las del teósofo, salvo una o dos. Dicho esto, sigamos al Maestro K.
H. en sus nuevas encarnaciones.
Tutmosis III
El manual rosacruz escrito por el
Maestro K. H. M., actualmente miembro de la Gran Logia Blanca de la Gran
Fraternidad Blanca, fue conocido en cierta época bajo el nombre de Tutmosis Ill
de Egipto y, en otra época, vivió cerca del Iago Moeris 5.
Se cuenta con frecuencia el
acontecimiento hist6rico que le convirtió en el fara6n elegido.
El (Tutmosis III) no sabia que
iba a ser elegido para convertirse en faraón, porque, por derecho de sucesi6n,
debía de haber sido elegido su hermano. Pero cuando la efigie del Dios fue
colocada a sus pies, vio cómo se elevaba: según Tutmosis III, se sintió alzado
como si sus pies apenas tocasen el suelo y como si fuera ascendido a los
cielos.
El Maestro K. H. no solo era un
gran maestro espiritual, también era un hombre de acción, como hemos podido
comprobar a lo largo de sus vidas anteriores, especialmente cuando se encarnaba
en compañía de su hermano, el Maestro Morya. Comenzó verdaderamente su reinado
político a la muerte de su esposa, la reina Hatchepsut, que era su tia y la
regente oficial. Tutmosis III fue indudablemente un gran conquistador. Condujo
dieciocho expediciones por Asia, que desembocaron en la aplastante victoria de
Meggido, en Palestina, antigua plaza fuerte de Canaán, que domina el valle de
Esdrelón.
Amplió así las fronteras de
Egipto hasta el Éufrates. Estas grandes expediciones tenían un objetivo
distinto al de agrandar y proteger Egipto: le permitieron establecer relaciones
con otros miembros de la G. F. B., que residían en un santuario de Palestina.
Como fundador de la escuela iniciática de Egipto, Tutmosis III era reconocido
como uno de los jefes del gobierno oculto del mundo (G. L.B.), y los altos
iniciados de Palestina y de la India no ignoraban en absoluto la alta misión
que el llevaba a cabo en Egipto.
Los documentos rosacruces
muestran igualmente que Tutmosis Ill ocupo el Monte Carmelo en el año 1449 a.
de C. y lo puso en manos de quienes intentaban mantener, en ese lugar aislado
del mundo, un monasterio y una escuela para la enseñanza de los misterios.
Poco después, esta escuela
albergó la escuela de los esenios que representaba el instrumento exterior de
la G.F.B. y fueron muchos los iniciados y los profetas que subieron al Carmelo
para adorar y estudiar. Entre los mas conocidos tenemos a Elías y a Jesús. Mas
adelante, bajo la personalidad de Pitágoras, el Maestro K. H. volvió a esta
isla de santidad, como el la llamaba.
El Maestro Kuthumi en la
actualidad

Según parece, el Maestro K. H. es
originario de Cachemira, como confirmó en varias de sus cartas. Por otra parte,
hemos visto una prueba de esta identidad en una carta firmada del Maestro Morya
que fue publicada por la Sociedad Teosófica:
K. H. no se encuentra en las
mismas condiciones, no lo olviden; ya no es el «Kasimiri» de antaño.
Esto se refiere al regreso del
Maestro de un gran samadhi, que tal vez era una etapa iniciática superior,
puesto que el Maestro Morya precisa:
Nuestro bien amado K. H. está en
camino hacia la meta: la más elevada de todas, tanto en el más allá como en esta
esfera.
¿Ha cambiado esta última
iniciación la apariencia del Maestro K. H. o únicamente su conciencia divina?
[No tiene ninguna importancia!, porque, en este campo, sabemos hasta que punto
es efímero el espejismo de la apariencia y de la forma, especialmente en lo que
respecta a nuestros Maestros, cuya acción más eficaz no se lleva a cabo en el
mundo de la forma y de los efectos, sino en el de las causas,
pudiendo dichas formas, según su
voluntad, adoptar todas las apariencias necesarias para el propósito jerárquico
del momento.
Sin embargo, el cuerpo escogido
por un Maestro, que, subrayo, no es sino una imagen ilusoria de sí mismo, se
mantiene tangible y visible para permitir a los discípulos avanzados entrar en
contacto con el, lo mismo que para posibilitar a este Maestro actuar en el
mundo fenoménico humano.
Con frecuencia se pregunta, y
esto es normal, si los Maestros cósmicos tienen la posibilidad de adoptar
cuerpos físicos parecidos a los nuestros. Antes de responder a esta pregunta, me
gustaría que los lectores se den cuenta de que el término «cósmico» atribuido a
los Maestros de Sabiduría sugiere que su conciencia es inclusiva hasta tal
punto que se ha elevado hacia las esferas espirituales del Cosmos y, por tanto,
puede vivir allí con la misma facilidad con la que nosotros vivimos en el plano
terrestre. Esto no impide en absoluto al Maestro tener un anclaje físico, a
través del cual vive y trabaja. Sin embargo, existe una gran diferencia entre
la vida de un Maestro en nuestras civilizaciones contaminadas y la que puede
tener en la atmósfera pura de los Himalayas (¡por no citar sino las más
conocidas!). De hecho, esta pregunta está Íntimamente vinculada a la gran
«aproximación» de los Maestros o a su exteriorización física.

El Maestro K. H. diferencia muy
claramente el cuerpo espiritual y el cuerpo glorioso (es decir, lo que se llama
«el adepto») del cuerpo ilusorio y físico que, en los momentos de actividad
estrictamente terrenal, sigue siendo tan incómodo y limitador. He aquí lo que
escribía a este respecto el Maestro K. H., con el humor que le caracteriza:
Cuando el hombre interior
descansa, el adepto se convierte en un hombre ordinario, limitado por sus
sentidos físicos y las funciones de su cerebro físico. En los momentos de
descanso, por consiguiente, sus facultades también están descansando. Cuando me
siento para comer, o cuando me vista, leo o estoy ocupado de cualquier otro
modo, no pienso siquiera en los que están cerca de mí; Djwal-Khoul ha podido
fácilmente romperse la nariz, sangrar y correr a ciegas golpeándose contra una
viga, como le ocurrió la otra noche ... Mientras que yo permanecía plácidamente
ignorante de este suceso. Yo no pensaba en el, y de ahí mi ignorancia.
Podrían proporcionarse muchas
otras pruebas a fin de demostrar que la mayoría de los Maestros que conocemos
trabajan con frecuencia encarnados en cuerpos físicos. Dicho esto, no debe
olvidarse el estado divino y la inmensa realización que han alcanzado y que les
permite en todo instante liberarse totalmente de cualquier contingencia
material, ya que ellos han sabido vencer la ilusión de la muerte.
Para los que tienen el privilegio
de haberle conocido, ya sea físicamente o por medio de una experiencia interna,
el Maestro K. H. presenta una alta estatura de una apariencia majestuosa, con
un rostro de tez clara enmarcado por magníficos cabellos castaños, mientras que
sus ojos de azul oscuro reflejan un amor y una compasión de una gran
profundidad.
Una de las misiones importantes
de este gran Mahatma es la de estimular en la conciencia de la Humanidad el
germen del amor. Por medio del poder de su pensamiento, vitaliza e intenta
desarrollar ciertos grandes movimientos filos6ficos y, según nos cuenta el
Maestro D. K., se interesa enormemente por todos los movimientos filantrópicos.

KOOT HOOMI
Koot Hoomi Lal Singh (también
llamado Kuthumi, y referido con frecuencia simplemente como K. H.; Cachemira,
India, es uno de los Mahatmas que inspiraron la fundación de la Sociedad
Teosófica.
Participó en una correspondencia
con dos teósofos ingleses que viven en la India, A. P. Sinnett y A. O. Hume,
cuya correspondencia se publicó en el libro The Mahatma Letters to A. P.
Sinnett.
Koot Hoomi es uno de los Mahatmas
(grandes almas) de la tradición teosófica, conocido por su sabiduría y
conocimiento espiritual.
Se asocia con el Segundo Rayo de
la sabiduría y la iluminación. El Maestro es hindú, un brahmán, nacido en
Cachemira.
C. W. Leadbeater y A. Besant
mencionan la primera vida del • Maestro K. H., en relaci6n con un
acontecimiento que tuvo lugar en otro tiempo en uno de los estados del litoral
sembrado de golfos, en la Atlántida de la antigua América del Norte, que
entonces se llamaba Reino de Toyocalti.
En esa epoca remota, el soberano
era el Maestro Morya. Existia en aquella magnifica region un templo en forma de
estrella con cinco puntas, en el que debfa consagrarse a los seis afios aquel a
quien conocemos con el nombre de Krishnamurti. La ceremonia fue presidida por
el sacerdote del templo, el Maestro K. H., ayudado por otros tres sacerdotes.
El alma de aquel que fue conocido bajo el nombre de Gautama el Buda adumbraba
la ceremonia con su aurea benéfica.
Algunos años después, en el año
22605, el rey organizó una expedición que debía llegar hasta una ciudad santa
del Yucatán. Esta ciudad en efervescencia iba a tener el inmenso honor de
recibir la ilustre visita de uno de los mayores santos de la época, el gran
Maestro Surya que, posteriormente, apareció como nuestro Cristo histórico, el
instructor de los hombres y de los ángeles de nuestro planeta que es esperado
por los orientates bajo el nombre de Maitreya.
Surya era el gran sacerdote de la
religión atlante. Los Maestros Marya y Kuthumi formaban parte de esta
expedición.
Llegados a la Ciudad de las
Puertas de Oro, que fue fundada por el Manú, se dirigieron hacia el templo
sagrado donde se desarrollaba una especie de ceremonia de carácter iniciático.
Los dos hombres llegaron al trono esplendido de oro, en donde Surya acogía y
bendecía a las personas que le eran presentadas.
Cada sacerdote, al presentarse
ante Surya, se dirigía a el con el mismo saludo secreto, y este saludo es uno
de los que todavía se utilizan en la Logia Blanca.
Después, Surya enseño los
fundamentos de su doctrina: que el amor era el sentimiento mas esencial en la
vida de los seres humanos; también transmitió otras numerosas enseñanzas al
pueblo que estaba reunido para escucharlo.
A continuación, la expedición
partió de nuevo, no sin haber vivido a lo largo del camino extraños
acontecimientos.
En el año 21300 a. de C., el
Maestro K. H. se encarno en una ciudad de la India. Allí también desempeño el
papel de sacerdote. Hay que recordar que el Maestro Morya, por pertenecer al
primer rayo, tuvo que encarnarse frecuentemente como rey, mientras que el
Maestro K. H., por ser del segundo rayo, el del amor-sabiduria, estuvo siempre de
forma natural en relación con la educación y la religión. Por otra parte, no
olvidemos tampoco que en aquellos antiguos tiempos los sacerdotes y los reyes
eran frecuentemente adeptos, porque solo ellos tenían el poder de dirigir el
pensamiento de los pueblos hacia el camino de la iluminación. Solo en los
alrededores del año 12000 a. de C. se dejo sola a la humanidad, porque los
Maestros habían decidido actuar a partir de los planos subjetivos de la
conciencia cósmica. Actualmente, esta gran Fraternidad de sabios se prepara de
nuevo para encarnarse en el mundo humano y para formar otra vez una Jerusalén
celestial en la Tierra; tampoco es sorprendente observar que el Maestro K. H.
fue en muchas vidas un sacerdote, pero también un gran sabio y un instructor:
enseñaba entonces las leyes universales que estuvieron posteriormente en el
programa de las grandes escuelas de Misterios. En esta encarnación estaba
casado y era padre de tres hijas y de tres hijos, y C. W. Leadbeater recuerda
que fue un padre modelo y un sacerdote muy sabio.
Después de varias encarnaciones sobre las que tengo muy pocas informaciones seguras, el Maestro K. H. apareci6 como jefe de un gran ejercito en Asia Central, hacia el año 15900 a. de C. En esa época, el gran nucleo de la quinta raza-madre estaba centralizado muy cerca de Svetadvipa (el actual lugar que ocupa Shambhala); esta gran raza blanca de arios (o de semitas atlantes) se preparaba para llevar a cabo una de las mas excepcionales migraciones que haya conocido la Tierra. El Maestro Morya era responsable de tres grupos del éxodo; el ala derecha estaba bajo las ordenes de Corona , que era un hombre de una extraordinaria habilidad, pero de un orgullo igualmente grande; fue a el a quien se encargo que atravesara los Himalayas pasando por la actual Cachemira, para alcanzar finalmente Bengala; y C. W. Leadbeater nos cuenta con muchos detalles sus múltiples dificultades, especialmente cuando asedio, tras atravesar Cachemira, una gran fortaleza tolteca, sometida entonces a los arios que le habían precedido. Corona tomó a continuación la ciudad de Ravipur (cerca de la actual Delhi) y, cuarenta años después, alcanzó Bengala, donde encontró al Maestro Morya. Este ultimo, ayudado por el Maestro K. H., había tardado cuatro años antes de poder llegar al Tibet, a fin de alcanzar el Nepal, y después la India, en donde se instalo finalmente para esperar a Corona. En cuanto a la tercera columna, bajo las ordenes de Vulcano, debía atravesar el Tibet para alcanzar Buran y Bengala, donde Debían unirse las tres columnas. El Maestro M., Corona y Vulcano se unieron, pues, y el Maestro Morya fundo un reino, puso en el trono a su hijo (actualmente conocido bajo el nombre de Maestro Jupiter) y se retiró del mundo. En esta encarnación, el Maestro K. H. tuvo sobre todo el papel de ayudar a su hermano, el Maestro Morya, en esta gigantesca responsabilidad de conducir con toda seguridad el micleo de la gran raza aria.
Otra encarnación interesante del
Maestro K. H. fue aquella en la que apareció como gran sacerdote del sol, en
Poseidonis, ultimo fragmento de la isla de la Atlántida, hace de esto
aproximadamente 12.000 años. En aquella época, el Maestro K. H. estaba casado y
era padre de una niña excepcional.
El Maestro reapareció poco tiempo
después como gran sacerdote en la India. Todavía era la época de numerosas
migraciones del pueblo ario hacia la India, pueblo que fue llamado
posteriormente indo-ario. En esta encarnación, el Maestro K. H. era hermano del
Maestro Morya que, una vez más, tenía la responsabilidad de un importante colonia
de arios.
Después de una nueva encarnaci6n
en la India, tomó un cuerpo egipcio y comenzó en Egipto un trabajo en los
pianos interiores, para estimular de nuevo a este gran pueblo. Dio también un
fuerte impulso a la tradición esotérica, que heredara Occidente posteriormente.
Su cuerpo era femenino, cuerpo
que volverá a tomar, por otra parte, en la India hacia el año 5600 a. de C.
El Maestro K. H. reapareci6 en
Egipto en el año 4000 a. de C., bajo el reinado del faraón Ounas (el Maestro
Morya), ultimo soberano de la V Dinastia*. Con ocasión de una expedici6n al
extremo sur, el Maestro K. H. joven noble llamado Ramasthenes, fue hecho
prisionero y conducido a la capital, en donde fue alojado en la casa de algunos
capitanes egipcios. Pero, a causa de su belleza espiritual y de su
inteligencia, fue liberado e incluso admitido al circulo interno de los
Misterios, que eran muy poco accesibles. Tuvo acceso al gran templo y fue
iniciado en el Santo de los Santos. Adquirió durante esa vida un conocimiento
excepcional que, mas adelante, le sirvió útilmente, como veremos mas adelante.
Hacia el afio 2000 a. de C., el
Maestro K. H. se apareci6 de nuevo en el suelo egipcio, como gran sacerdote
iniciado del templo principal. Su nombre era Sarthon. Durante dos años, visit6
los principales santuarios de la India, en donde fue iniciado y, a lo largo de
su viaje, hizo un desvío para encontrarse con Bhrojagohallmarshi
(Krishnamurti), que había sido falsamente acusado y condenado a muerte; el
Maestro le explicó que esta condena, aunque aparentemente injusta, debía pagar
un karma pasado; sin embargo, antes de partir, el Maestro le prometi6 ayudarle
en el futuro, para que pudiera subir todos los escalones del sendero
iniciático; tras esta promesa, salió para Egipto.
Aquí se terminan las informaciones extraídas del libro de C. W. Leadbeater y A. Besant. Las encarnaciones siguientes están sacadas de otras tradiciones, perfectamente de acuerdo con las del teósofo, salvo una o dos. Dicho esto, sigamos al Maestro K. H. en sus nuevas encarnaciones.
Tutmosis III
El manual rosacruz escrito por el
Maestro K. H. M., actualmente miembro de la Gran Logia Blanca de la Gran
Fraternidad Blanca, fue conocido en cierta época bajo el nombre de Tutmosis Ill
de Egipto y, en otra época, vivió cerca del Iago Moeris 5.
Se cuenta con frecuencia el
acontecimiento hist6rico que le convirtió en el fara6n elegido.
El (Tutmosis III) no sabia que
iba a ser elegido para convertirse en faraón, porque, por derecho de sucesi6n,
debía de haber sido elegido su hermano. Pero cuando la efigie del Dios fue
colocada a sus pies, vio cómo se elevaba: según Tutmosis III, se sintió alzado
como si sus pies apenas tocasen el suelo y como si fuera ascendido a los
cielos.
El Maestro K. H. no solo era un
gran maestro espiritual, también era un hombre de acción, como hemos podido
comprobar a lo largo de sus vidas anteriores, especialmente cuando se encarnaba
en compañía de su hermano, el Maestro Morya. Comenzó verdaderamente su reinado
político a la muerte de su esposa, la reina Hatchepsut, que era su tia y la
regente oficial. Tutmosis III fue indudablemente un gran conquistador. Condujo
dieciocho expediciones por Asia, que desembocaron en la aplastante victoria de
Meggido, en Palestina, antigua plaza fuerte de Canaán, que domina el valle de
Esdrelón.
Amplió así las fronteras de
Egipto hasta el Éufrates. Estas grandes expediciones tenían un objetivo
distinto al de agrandar y proteger Egipto: le permitieron establecer relaciones
con otros miembros de la G. F. B., que residían en un santuario de Palestina.
Como fundador de la escuela iniciática de Egipto, Tutmosis III era reconocido
como uno de los jefes del gobierno oculto del mundo (G. L.B.), y los altos
iniciados de Palestina y de la India no ignoraban en absoluto la alta misión
que el llevaba a cabo en Egipto.
Los documentos rosacruces
muestran igualmente que Tutmosis Ill ocupo el Monte Carmelo en el año 1449 a.
de C. y lo puso en manos de quienes intentaban mantener, en ese lugar aislado
del mundo, un monasterio y una escuela para la enseñanza de los misterios.
Poco después, esta escuela
albergó la escuela de los esenios que representaba el instrumento exterior de
la G.F.B. y fueron muchos los iniciados y los profetas que subieron al Carmelo
para adorar y estudiar. Entre los mas conocidos tenemos a Elías y a Jesús. Mas
adelante, bajo la personalidad de Pitágoras, el Maestro K. H. volvió a esta
isla de santidad, como el la llamaba.
El Maestro Kuthumi en la
actualidad

Según parece, el Maestro K. H. es
originario de Cachemira, como confirmó en varias de sus cartas. Por otra parte,
hemos visto una prueba de esta identidad en una carta firmada del Maestro Morya
que fue publicada por la Sociedad Teosófica:
K. H. no se encuentra en las
mismas condiciones, no lo olviden; ya no es el «Kasimiri» de antaño.
Esto se refiere al regreso del
Maestro de un gran samadhi, que tal vez era una etapa iniciática superior,
puesto que el Maestro Morya precisa:
Nuestro bien amado K. H. está en
camino hacia la meta: la más elevada de todas, tanto en el más allá como en esta
esfera.
¿Ha cambiado esta última
iniciación la apariencia del Maestro K. H. o únicamente su conciencia divina?
[No tiene ninguna importancia!, porque, en este campo, sabemos hasta que punto
es efímero el espejismo de la apariencia y de la forma, especialmente en lo que
respecta a nuestros Maestros, cuya acción más eficaz no se lleva a cabo en el
mundo de la forma y de los efectos, sino en el de las causas,
pudiendo dichas formas, según su
voluntad, adoptar todas las apariencias necesarias para el propósito jerárquico
del momento.
Sin embargo, el cuerpo escogido
por un Maestro, que, subrayo, no es sino una imagen ilusoria de sí mismo, se
mantiene tangible y visible para permitir a los discípulos avanzados entrar en
contacto con el, lo mismo que para posibilitar a este Maestro actuar en el
mundo fenoménico humano.
Con frecuencia se pregunta, y
esto es normal, si los Maestros cósmicos tienen la posibilidad de adoptar
cuerpos físicos parecidos a los nuestros. Antes de responder a esta pregunta, me
gustaría que los lectores se den cuenta de que el término «cósmico» atribuido a
los Maestros de Sabiduría sugiere que su conciencia es inclusiva hasta tal
punto que se ha elevado hacia las esferas espirituales del Cosmos y, por tanto,
puede vivir allí con la misma facilidad con la que nosotros vivimos en el plano
terrestre. Esto no impide en absoluto al Maestro tener un anclaje físico, a
través del cual vive y trabaja. Sin embargo, existe una gran diferencia entre
la vida de un Maestro en nuestras civilizaciones contaminadas y la que puede
tener en la atmósfera pura de los Himalayas (¡por no citar sino las más
conocidas!). De hecho, esta pregunta está Íntimamente vinculada a la gran
«aproximación» de los Maestros o a su exteriorización física.

El Maestro K. H. diferencia muy
claramente el cuerpo espiritual y el cuerpo glorioso (es decir, lo que se llama
«el adepto») del cuerpo ilusorio y físico que, en los momentos de actividad
estrictamente terrenal, sigue siendo tan incómodo y limitador. He aquí lo que
escribía a este respecto el Maestro K. H., con el humor que le caracteriza:
Cuando el hombre interior
descansa, el adepto se convierte en un hombre ordinario, limitado por sus
sentidos físicos y las funciones de su cerebro físico. En los momentos de
descanso, por consiguiente, sus facultades también están descansando. Cuando me
siento para comer, o cuando me vista, leo o estoy ocupado de cualquier otro
modo, no pienso siquiera en los que están cerca de mí; Djwal-Khoul ha podido
fácilmente romperse la nariz, sangrar y correr a ciegas golpeándose contra una
viga, como le ocurrió la otra noche ... Mientras que yo permanecía plácidamente
ignorante de este suceso. Yo no pensaba en el, y de ahí mi ignorancia.
Podrían proporcionarse muchas
otras pruebas a fin de demostrar que la mayoría de los Maestros que conocemos
trabajan con frecuencia encarnados en cuerpos físicos. Dicho esto, no debe
olvidarse el estado divino y la inmensa realización que han alcanzado y que les
permite en todo instante liberarse totalmente de cualquier contingencia
material, ya que ellos han sabido vencer la ilusión de la muerte.
Para los que tienen el privilegio
de haberle conocido, ya sea físicamente o por medio de una experiencia interna,
el Maestro K. H. presenta una alta estatura de una apariencia majestuosa, con
un rostro de tez clara enmarcado por magníficos cabellos castaños, mientras que
sus ojos de azul oscuro reflejan un amor y una compasión de una gran
profundidad.
Una de las misiones importantes
de este gran Mahatma es la de estimular en la conciencia de la Humanidad el
germen del amor. Por medio del poder de su pensamiento, vitaliza e intenta
desarrollar ciertos grandes movimientos filos6ficos y, según nos cuenta el
Maestro D. K., se interesa enormemente por todos los movimientos filantrópicos.








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